La Enlutada de Puerta Blanca

«La Enlutada de Puerta Blanca»

Ella era la bella hija de un comerciante bien conocido llamado Zarco, y que allá por el año de 1930, esta hermosa pequeña dama —para su padre toda una infanta—; conoció y quería casarse con un joven varón, humilde; pero muy honrado, el amor de su vida. Pero su padre celoso, rechazó siempre su noviazgo, e incluso la recluyó y prohibió su romance. Ella triste y angustiada, perdió las ganas de vivir y se resignó a morir.
Ya en última instancia y en un estado de agonía, el padre accedió y permitió su matrimonio; pero para entonces, desafortunadamente, ya era demasiado tarde y ella murió.
La gente mayor recuerda su procesión fúnebre, cuando la transportaron en un elegante coche, procesión muy exquisita. Las mujeres llevaban rosas, y lucían vestidos de bonitos colores floreados; y al frente iba una jovencita vestida como un ángel. Mientras los caballeros —de negro— llevaban un clavel blanco en la solapa.
«Sepultaron a la bella, pequeña dama en el panteón numero uno, Puerta Blanca; el mismo cementerio donde años después, también enterraron a Juan Soldado, muy cerquita de ella».
Veinte años pasaron sin saber más de la infanta de Zarco; pero en 1951, de repente hizo su aparición. Se le apareció a un taxista, el cual al pasar por las afueras del panteón en la noche, paró para ofrecerle su servicio. Ella le habló, diciéndole a que domicilio la condujera. Al llegar al domicilio, ella le informó al joven conductor que no tenía efectivo con que pagarle; pero le entregó un anillo, diciéndole que si regresaba al día siguiente, su padre recogería el anillo y le pagaría lo debido.
Al día siguiente el joven conductor hizo lo acordado, llegó al mismo domicilio y preguntó por la pequeña dama. El padre quien había atendido al llamado a la puerta, se enojó con el taxista, pensando de que era una broma de muy mal gusto. Sucedió que el joven dio al padre el anillo, y el padre al ver esto se asombró y pidió más información acerca de como había conseguido ese anillo, el cual le pertenencia a su hija fallecida ya, desde hace mucho tiempo.
El joven le contó lo ocurrido la noche anterior, de como había levantado a la pequeña dama en las inmediaciones del panteón; y ella le había garantizado su pago de pasaje por el padre, a cambio de devolver el anillo.
El padre aterrado le pidió que le describiera como era, y el joven conductor la describió a santo y seña, que para sorpresa de ambos, era igual; como aparecía en las fotos que el padre mismo le mostró.
Dicen que la pequeña dama en luto y triste; pero como toda una infanta —una princesa— se sigue apareciendo aun hoy en día en las calles y avenidas de Tijuana.
Poco después de la aparición al joven taxista, se le apreció a una persona que caminaba por la calle junto al panteón; y después, a otras más. ¿Qué les dijo? —o— ¿qué es lo qué busca? ¿quién sabe? No hay mención especifica —en nigún archivo— de parte de todas esas personas que dicen haberla visto; pero quizás, no necesitemos saber más, pero que murió triste y sin cumplir su sueño de bodas; cuyo padre tanto se opuso, matando su lindo corazón, y terminando así, con la joven vida de su infanta.
Después de haber ocurrido estas apariciones —legó la gente de entonces— el padre, con gran remordimiento y lleno de tristeza, murió la mañana de Navidad de aquel año; y sus restos, junto a los de su infanta, yacen en el nicho familiar en Puerta Blanca.
La Enlutada de Puerta Blanca
Imagen de M. H. en Pixabay